electrolisis salina

 

Electrólisis de Sal y la corrosión en piscinas

 

La electrólisis por si misma no tiene efectos directos de corrosión sobre los equipos metálicos   instalados   en   la   piscina.   Es   decir,   bajo   unas   condiciones   de funcionamiento correctas y manteniendo unos niveles de cloro libre y pH adecuados, no hay ningún motivo para otorgar a este tratamiento capacidades corrosivas extraordinarias, siempre y cuando, los componentes o equipos metálicos instalados, sean de la aleación adecuada para este tipo de tratamiento de agua.

Es  bien  cierto  que  para  que  la  electrolisis  tenga  lugar  se  requiere  de  una determinada concentración de sales en el agua, lo que supone un aumento de la conductividad eléctrica de la misma1. Por otro lado, el proceso electrolítico puede provocar  una  saturación  en  oxígeno  en  el  agua  del  vaso,  incrementando  la capacidad de oxidación de del agua. De todas formas, en ambos casos, y bajo condiciones de funcionamiento normal, el impacto sobre la corrosión de los elementos metálicos en la piscina es muy pequeño, poco significativo.

En cambio existen situaciones anómalas en las que claramente pueden producirse fenómenos de corrosión importantes:

  • Presencia de corrientes de fuga: En los casos en que puedan producirse corrientes de fuga los elementos metálicos pueden actuar como ánodo y sufrir un proceso corrosivo importante, dependiendo de la magnitud y del tiempo de exposición. Las corrientes de fuga no son exclusivas de los equipos de electrólisis. De hecho, cualquier equipo que contenga una fuente de alimentación continua en sus circuitos electrónicos podría potencialmente ser el origen de la incidencia: equipos electrolisis, proyectores subacuáticos, ionizadotes Cu-Ag. Suelen ser habituales en estos casos problemas por contactos defectuosos en puntos del equipo en contacto con el agua.

Ante la sospecha de un posible caso de corrosión por corrientes de fuga, primero hay que identificar cual es el equipo que produce dicha fuga y a continuación identificar el problema y corregirlo.

  • Elevada concentración de cloro: Parece ser, y los análisis de Idegis y algunos estudios realizados en Australia, así lo corroboran, que la causa más habitual de corrosión se debe a la excesiva presencia de cloro en la piscina; haya o no un equipo de electrolisis instalada. El uso de equipos de electrolisis de la sal si que puede provocar situaciones de elevado nivel de cloro, como

 

1 La conductividad eléctrica es la capacidad de permitir el paso de la corriente eléctrica en un medio (el agua). A mayor concentración de sales disueltas, mayor  es esta capacidad. cualquier dosificador automático (pueden trabajar 24 horas y a la máxima producción). Por este motivo es fundamental controlar y mantener los valores de cloro dentro de los límites establecidos, así como también mantener el pH en unos valores nuca inferiores de 6.8 upH, siendo el punto de referencia ideal un ph de 7.2.

Un estudio realizado en Australia sobre 45.000 piscinas residenciales sin uso de estabilizante para el cloro, indica que existen unas variaciones diarias muy pronunciadas de los niveles de cloro en piscina (ver gráfico 1). En ocasiones se llega a los de 6ppm, lo que provoca errores de lectura del DPD haciendo creer al operador que hay poco cloro, a lo que se responde añadiendo más cloro manualmente.

También se da el caso que para conseguir un nivel idóneo de cloro en todo el volumen de la piscina, el nivel de éste a la salida de las boquillas de impulsión es más elevado del recomendado. Por este motivo es importante aconsejar la instalación de los accesorios de acero inoxidable lo mas apartados posible de las boquillas de impulsión.

En el caso de utilizar cloro estabilizado (tricloro) es importante mantener el nivel de estabilizante (ácido cianúrico) en un rango ideal entre 20 y 25 ppm2. A mayores concertaciones la efectividad del cloro se reduce aunque añadamos más cantidad. Además, concentraciones por encima de 50ppm de ácido cianúrico pueden provocar problemas de en los equipos de medida de ORP3, así como en sondas amperométricas y galvánicas.

 

 

2   Canelli,  E.  “Chemical,  bacteriological  and  toxicological  properties  of  cyanuric  acid  and  chlorinated isucyanurates as applied to swimmingpool disinfection”. AJPH, 1974.

3 Williams, K. “Cyanurics, benefactor or bomb?”. Professional pools operators of America. 1997

 

Existen  algunas  dudas  acerca  de  que  materiales  usar  en  instalaciones  con electrolisis de sal, así como posibles soluciones existentes para “minimizar” el impacto de la electrolisis en la corrosión de los metales:

  • Resistencia del acero inoxidable: recomendar siempre AISI 316 ya que puede resistir sin problemas cuando las concentraciones de sal habituales en piscinas con tratamiento de electrolisis están dentro del intervalo de límites recomendado o establecido al respecto. Nuca recomendar AISI 304. En casos de piscina ya existentes con materiales en AISI 304, se deberán incrementar, tanto las tareas de mantenimiento de las partes de acero inoxidable, así como el estricto seguimiento de los niveles de cloro y pH, y en un adecuado mantenimiento del material. Metalast incluye en sus productos un completo manual para el mantenimiento de sus productos (ver anexo 2)

 

Metalast también nos indica que en ningún caso existen productos fabricados en AISI 316 y que contengan elementos (tornillos, tuercas...) en AISI 304.

Finalmente, indicar que Sacopa utiliza AISI 304 en toda su tortillería, excepto en los proyectores LEDs que utiliza AISI 316.

  • La toma de tierra: Existe un acuerdo en la parte productiva de que la toma de tierra  no  es  necesaria,  y  que  responde  a   requisitos  meramente comerciales. En ocasiones su uso se debía a la necesidad de estabilizar lectura de los electrodos de los equipos de regulación y control, más que para evitar posibles procesos de oxidación. No debe confundirse la toma de tierra del equipo de electrolisis con la conexión equipotencial para la protección de los diferentes elementos metálicos de la piscina. Dicha conexión equipotencial realizarse según las normas vigentes en cada caso.
  • Ánodo de castigo: También denominado de sacrificio. Su función es evitar que otros elementos metálicos de la instalación se oxiden, sacrificándose él debido a su mayor capacidad de oxidarse. En las instalaciones con una correcta conexión equipotencial (recomendado) se evita la posible aparición de diferencia de potencial entre diferentes partes de la misma, afectando a los elementos metálicos. En el caso de que esta conexión no exista, una posible alternativa es la instalación de una protección catódica mediante un ánodo de sacrificio de magnesio (para instalaciones de agua dulce)

 

Anexo 1: Corrosión por Electroxidación metálica en piscinas

 

En ocasiones se cita como incidencia por corrosión de metales la posibilidad de

"corrientes de fugas" en instalaciones con electrolisis salina.

 

Debemos en primer lugar centrar este problema y no asociar directamente estas incidencias a un clorador salino. En general para que aparezcan estos fenómenos es necesario un metal en contacto con el agua, "un cátodo+ ánodo" y conductividad.

 

  • Metales en agua: A excepción de titanio puro (grado 1 o grado 2), el resto de metales típicos usados en piscinas son susceptibles a este fenómeno, incluidos los AISI 304 y 316.

 

  • Cátodo + Ánodo: Tanto un foco como un clorador salino como un ionizador de cobre-plata son equipos que podrían ser suficientes por sí solos para producir el fenómeno.

 

Cualquier equipo que contenga una fuente de alimentación continua en sus circuitos electrónicos podría potencialmente ser el origen de la incidencia. Suelen ser típicos los problemas por un contacto no deseado entre el ánodo de la fuente de alimentación y un punto metálico en contacto accidental con el agua o bien por contacto a tierra (trasladando en este caso el problema a todos los elementos metálicos de la instalación que han sido llevados a tierra).

 

  • Conductividad: Estos fenómenos se producen en disolución. Una parte del metal actúa como ánodo (electroxidación/corrosión) y otro punto metálico como cátodo. La velocidad de corrosión nos la dará tanto la diferencia de potencial que aplica la fuente a estos puntos (a mayor potencial mayor velocidad), la  distancia  entre  estos  puntos  (a  menor  distancia  mayor velocidad) y la conductividad del agua ( a mayor conductividad mayor velocidad). Este último es importante para comprender que fenómenos de corrosión que pueden durar semanas en aparecer con agua potable (0,5mS/cm) aparezcan en días con agua de mar (50mS/cm),  aguas de pozo (4-10mS/cm) o aguas de electrolisis salina (8mS/cm) debido a su mayor conductividad.

 

Cuando existe un  fenómeno de electroxidación metálico  este puede ser debido o bien a que el metal es  el ánodo de circuito o bien por que el metal está entre el campo eléctrico del ánodo y cátodo. Este segundo caso es raro y actúa a corta distancia. Nuestra experiencia indica que es el primero el caso más habitual.

 

Si existe la sospecha que un elemento metálico pueda presentar electroxidación, podríamos confirmarlo mediante la medida del potencial  respecto a una electrodo de  referencia.  A  continuación  volvemos  a  tomar  la  medida  desconectando los equipos electrónicos. Si existe una variación significativa en mV deberíamos pensar en la aparición del fenómeno.

 

En el siguiente esquema se muestra como realizar la medida del potencial respecto a un elemento del vaso como la escalera. El electrodo de referencia debe ser un electrodo Ag/AgCl (es comercial). Alternativamente se puede utilizar un electrodo de pH. En este caso hay que tener la precaución de conectar el voltímetro al anillo exterior de la conexión BNC de la sonda de pH.

 

 

 

 

 

 

Los comentarios están cerrados.